martes, 23 de octubre de 2012

LAS CIUDADES INVISIBLES: CLOE

En Cloe, gran ciudad, las personas que pasan por las calles no se conocen. Al verse imaginan mil cosas las unas de las otras, los encuentros que podrían ocurrir entre ellas, las conversaciones, las sorpresas, las caricias, los mordiscos. Pero nadie saluda a nadie, las miradas se cruzan un segundo y después huyen, buscan otras miradas, no se detienen.

Pasa una muchacha que hace girar una sombrilla apoyada en su hombro, y también un poco la redondez de las caderas. Pasa una mujer vestida de negro que representa todos los años que tiene, los ojos inquietos bajo el velo y los labios trémulos. Pasa un gigante tatuado; un hombre joven con el pelo blanco; una enana; dos mellizas vestidas de coral. Algo corre entre ellos, un intercambio de miradas como líneas que unen una figura con otra y dibujan flechas, estrellas, triángulos, hasta que en un instante todas las combinaciones se agotan y otros personajes entran en escena: un ciego con un guepardo sujeto por una cadena, una cortesana con abanico de plumas de avestruz, un efebo, una mujer descomunal. Así entre quienes por casualidad se juntan bajo un soportal para guarecerse de la lluvia, o se apiñan debajo del toldo del bazar, o se detienen a escuchar la banda en la plaza, se consuman encuentros, seducciones, copulaciones, orgías, sin cambiar una palabra, sin rozarse con un dedo, casi sin alzar los ojos.

Una vibración lujuriosa mueve continuamente a Cloe, la más casta de las ciudades. Si hombres y mujeres empezaran a vivir sus efímeros sueños, cada fantasma se convertiría en una persona con quien comenzar una historia de persecuciones, de simulaciones, de malentendidos, de choques, de opresiones, y el carrusel de las fantasías se detendría.

© Italo Calvino, Las ciudades invisibles, 1972

jueves, 18 de octubre de 2012

ÚLTIMO ROUND: LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.
Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y le impone los deberes cotidianos.

© Julio Cortázar (1914-1984), Último round, 1969.

lunes, 6 de junio de 2011

LIBRO DEL DESASOSIEGO

La vida, para la mayoría de los hombres, es una carga pasada sin importancia, una cosa triste compuesta de intervalos alegres, algo como los momentos de anécdotas que cuentan los veladores de muertos, para pasar el sosiego de la noche y la obligación de velar. Siempre encontré fútil considerar la vida como un valle de lágrimas: es un valle de lágrimas, sí, pero donde raras veces se llora. Dijo Heine que, después de las grandes tragedias, acabamos siempre por sonarnos. Como judío, y por tanto universal, vio con claridad la naturaleza universal de la humanidad.
La vida sería insoportable si tomásemos conciencia de ella. Afortunadamente no lo hacemos. Vivimos con la misma inconsciencia que los animales, del mismo modo fútil e inútil, y si anticipamos la muerte, que es de suponer, sin que sea cierto, que ellos no anticipan, la anticipamos a través de tantos olvidos, de tantas distracciones y desvíos, que no podemos decir que pensemos en ella.

Así se vive, y es poco para juzgarnos superiores a los animales. Nuestra diferencia de ellos consiste en el pormenor puramente de hablar y escribir, de tener inteligencia abstracta para distraernos de tenerla concreta, y de imaginar cosas imposibles. Todo esto, sin embargo, son accidentes de nuestro organismo fundamental. Hablar y escribir no hacen nada nuevo en nuestro instinto primordial de vivir sin saber cómo. Nuestra inteligencia abstracta no sirve sino para hacer sistemas, o ideas medio-sistemas, de lo que los animales es estar al sol. Nuestra imaginación de lo imposible no es por fortuna propia, pues ya he visto gatos mirar a la luna, y no sé si no la querrían.

Todo el mundo, toda la vida, es un vasto sistema de inconsciencias operando a través de conciencias individuales. Así, como con dos gases, pasado por ellos una corriente eléctrica, se hace un líquido, así con dos conciencias –la de nuestro ser concreto y la de nuestro ser abstracto– se hace, pasando por ellas la vida y el mundo, una inconsciencia superior.

Feliz, pues, el que no piensa, porque realiza por instinto y destino orgánico lo que todos nosotros tenemos que realizar por desvío y destino inorgánico o social. Feliz el que más se asemeja a los brutos, porque es sin esfuerzo lo que todos nosotros somos con trabajo impuesto; porque sabe el camino a casa, que nosotros no encontramos por atajos de ficción y regreso; porque enraizado como un árbol, es parte del paisaje y por tanto de la belleza, y no como nosotros, mitos del pasaje, figurantes de traje vivo de la inutilidad y el olvido.

© Fernando Pessoa (Traducción de Javier Mérida)

lunes, 2 de mayo de 2011

TEXTOS DEL OCASO

La música es el arte más seductivo, el arte que te levanta dejándote donde estás, la música llena su espacio de fuerza y avanza en el tiempo despacio o con gran prisa, a compases duros o demorándose ligeramente, bailando de puntillas,

la música dice lo que tú le digas, todos pueden adorarla, para todo se la puede utilizar pero aún en su traición ella queda siempre fiel a sí misma, música e la libertad o la sumisión, música para la bondad del malo y para la maldad del bueno,

música que sirve o que rige sin diferencias, transformándose como el mítico Proteo, de espíritu a bestia, de carne a piedra, de follaje a agua, dando calor o frío,

moviéndose en el espacio imaginario del empuje del sonido, ora alejándose, perdiéndose, cada vez más distante, ora retornando en contraataque, con un oleaje, como un alud, retumbando,

escalando montes, expandiéndose por llanuras como la luz cuando vence las sombras de las nubes, probando el sabor de las aguas quietas, rompiendo muros, destruyendo torres, partiendo troncos de árboles, juntando montones de flores,

siguiendo al tiempo como el mecanismo de un reloj, segundo tras segundo, o como deteniendo al tiempo en un silencio inmóvil aunque éste se le escabulle de todas formas, el tiempo de la música que es el de un río que fluye, existiendo siempre en la cúspide del instante, subiendo y cayéndose constantemente:

cuando la música termina es como si el tiempo se fuese a descansar sin que por ello cese, es como si de nuevo el espacio lo encerrase y algo incomprensible se hubiera restablecido.

___

El poeta se sube a los montones de basura para salvar de allí lo que salvar se pueda: prismas de cristal desechos, espejitos de mano en forma de corazón un poco manchados, restos de bucles cortados, algodón que nunca fue usado, madejas de seda e hilos de lana despedazados y arrollados como gusanos de seda:

cosas gastadas por el uso o muertas, tiradas como sentimientos raídos, jirones de cartas amorosas que preservan aún su olor a violetas, bombillas que se fundieron, tijeras que ya cortaron lo que eran capaces, cucharas de plata que se ennegrecieron, bicicletas de niño que se quedaron pequeñas,

sudor olvidado y dolor abandonado, esperanzas que naufragaron, emplastos arrancados, dientes postizos perdidos, peinetas partidas, sostenes muy usados, cuchillas de afeitar que perdieron el filo, trozos de jabón que resbalaron de alguna mano por última vez:

el poeta encuentra todo esto y tienen deseos de encontrarlo, el destino de un sello o de un repuesto de bolígrafo puede conmoverlo, su ternura se despierta por lo más insignificante o lo más menospreciado, por aquello a lo que todos volvieron la espalda, por todo lo afectado por una falta de amor inmerecida, por todo cuanto cumplió con un deber y se le pagó mal su lealtad,

no es esta una aflicción válida para los arrogantes y demasiado seguros, para los que gastan y despilfarran con la mayor obviedad, los nacidos para sentarse a la mesa servida de la sociedad que ellos creen que jamás ha de cesar de rebosar de abundancia, los que ven en lo poseído la suprema arrogancia del valor humano, los elegidos de la igualdad.

___

Había una animal llamado caballo y que tenía caderas como una mujer y patas como una mesa, la crin le coronaba el pescuezo y le reposaba sobre una parte de éste, despeinada, invitando a ser trenzada, pero áspera al tacto, en pacto con el olor de la bestia,

un cerquillo le colgaba en la frente y entre los ojos, tal vez ocultando un lucero blanco, llamado también estrella pero más parecido a una luna medio oculta por las nubes entre los dos ojos protegidos en sus órbitas, grandes como ciruelas y oscuros como agua nocturna,

ojos por los que pasaban sombras de miedo, temor por aquello que el ojo humano no captaba, o presentimientos sobre su suerte venidera, que pasaban también por su piel como súbitos escalofríos,

el viento rotaba en los caracoles abiertos de la nariz y tropezaba con el aliento, creando así un claro dibujo en la atmósfera fría, mientras el ralo pelaje en derredor se emblanquecía de escarcha y se tornaba grueso, como de lana.

Las antiguas leyendas nos hablan de un caballo de ocho patas, doblemente más rápido que los demás, un corcel como el que hubiera deseado un caballero perseguido o como el que hubiera necesitado el labrador de carreta demasiado cargada en un camino escarpado,

pero sólo viendo de lado dos caballos juntos, el uno cubriendo totalmente el otro, puede uno ver ocho patas en rápido movimiento mientras galopan, como ocurrió cuando la silueta negra de aquel coche abandonó la finca en llamas, en un galope salvaje.

© Artur Lundkvist, Textos del ocaso.

domingo, 20 de marzo de 2011

TRÍPOLI

bienvenidos a mi ciudad devastada

no se hagan ilusiones
aquí los hoteles son de arenas movedizas
las camas no tienen sobrenombres
ni amores perdidos entre las sábanas

porque aquí las sábanas son verdes
aquí nos rendimos en verde
soldamos los huesos rotos de nuestros hijos
muertos
con saliva y cardamomo

nuestro idioma es de difícil comprensión
para cualquier genéro indomable de terrícola
y además
contamos con la grata presencia de alá
en todas partes
hasta en la humedad de las toallas

nuestra cocina es inverosímil
por no decir exigua
y a lo que ustedes
estimados comensales
llaman menú
nosotros le decimos
maná

aquí el dinero es de un color oscuro
tremendamente oloroso
y tóxico
tanto
que ni lo tocamos

no se preocupen
siempre tendrán un taxi en la puerta
para llevarles de vuelta al aeropuerto
por si algo o alguien no les convence

lamentamos de antemano
cualquier mentira ultraje robo o asesinato
que puedan ustedes sufrir en otras carnes

garantizamos la seguridad
en la imposible medida de nuestras posibilidades

y por último
me gustaría recomendarles encarecidamente
el museo de historia
donde podrán deleitarse con una hermosa exposición
de grietas y cascotes
escombros en definitiva
de un presente desactivado

aquí está mi mujer
y aquí mis dos hijos
a su eterna indisposición

yo no les he dicho que ustedes venían
entiendan por favor
sus muestras de odio

será por poco tiempo
espero

© Javier Mérida

BUSCANDO A PERSÉFONE



Cayó en mis manos este interesante conjunto de ensayos acerca del uso de enteógenos en las antiguas tradiciones de la India, Grecia y Mesoamérica, su desarrollo y su influencia en los distintos pueblos que los utilizaron para sus cultos mistéricos.

La obra de Robert Gordon Wason constituye una de las experiencias centrales de la cultura antropológica del siglo XX. En 'La búsqueda de Perséfone', él y sus colaboradores continúan la apasionante y rigurosa aventura de poner al día los primigenios misterios eleusinos. Para Gordon Wasson el culto al hongo es la más antigua de las devociones humanas. Los mal llamados hongos alucinógenos -enteógenos, en rigor- están en el origen universal de todas las religiones. Viajero incansable y fulgurante humanista, Gordon Wasson hizo de la micología una rama esencial del saber contemporáneo, uniendo la botánica con la antropología, la mitología con la espiritualidad. De María Sabina a los sabios siberianos, del 'soma' de los arios a la presencia de Eleusis en la tradición clásica, pasando por la última cena de Buda, ésta, 'La búsqueda de Perséfone', constituye una conclusión actual y multidisciplinaria de una labor tan honda como maravillosa.
De Robert Gordon Wasson el FCE ha publicado 'El hongo maravilloso: teonanácatl. Micolatría en mesoamérica' y 'El camino a Eleusis. Una solución al enigma de los misterios', este último en colaboración con Albert Hofmann y Carl A. P. Ruck

miércoles, 5 de mayo de 2010

AQUÍ

MI DIFÍCIL VIDA CON LA MEMORIA

Soy mal público para mi memoria.
Quiere que continuamente escuche su voz,
y yo no dejo de moverme, carraspeo,
escucho y no escucho,
salgo, regreso, vuelvo a salir.

Quiere ocupar mi atención y mi tiempo por completo.
Cuando duermo le resulta fácil.
De día, depende, y eso le molesta un poco.

Me desliza insistente antiguas caras, fotografías,
trata hechos importantes y sin importancia,
pone la mirada en paisajes inadvertidos,
los puebla con mis muertos.

En sus historias siempre soy más joven.
Es agradable, solo que para qué seguir insistiendo en eso.
Los espejos me dicen otra cosa.

Se enfurece cuando me encojo de hombros.
Y, vengativa, me echa en cara todos mis errores,
graves, luego fácilmente olvidados.
Me mira a los ojos, espera a ver qué digo.
Al final me consuela con que pudo haber sido peor.

Quiere que viva ya sólo con ella y para ella.
De preferencia en una habitación oscura y cerrada,
y en mis planes hay siempre un sol presente,
nubes actuales, caminos en curso.

A veces estoy harta de su compañía.
Le propongo separarnos. Desde hoy y para siempre.
Entonces sonríe compasiva,
pues sabe que para mí también sería una condena.


DIVORCIO

Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía – de acuerdo, llévate lo que quieras.
Peor para la enciclopedia y el vídeo,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción "y",
o ya separarlos con un punto.


AQUÍ

No sé cómo será en otras partes
pero aquí en la Tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.

Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.

Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el tiempo cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.

Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos.
Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido
y a veces tienen que descansar mucho
hasta la próxima vez.

Y sé qué más estás pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes – la gente es mala.
Descansen – la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

Y por si eso fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien:
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento se te lleve a ninguna parte.

© Wisława Szymborska. De Aquí, Bartleby Editores, 2009.

domingo, 21 de marzo de 2010

COMO LA FLOR DEL ALMENDRO O ALLENDE

EN CASA SENTADO

En casa sentado, ni triste ni alegre,
ni yo ni nadie.

Periódicos desparramados. Las rosas del jarrón
no me recuerdan
a la que las cogió para mí. Hoy es día de asueto de los recuerdos,
de descanso de todo... Domingo.

Día de recoger la cocina y el dormitorio,
de poner orden. Oímos las noticias,
calma, no se lanza ninguna guerra contra ningún país.

El feliz emperador juguetea con sus perros,
bebe champán en el canalillo de dos pechos de
marfil... y nada en la espuma.

El solitario emperador hoy se echa la siesta,
como tú y como yo, no piensa en la resurrección... que
es potestad de su diestra, ¡ella, y la verdad y la eternidad!

Una leve pereza me prepara el café
y el cardamomo relincha en el aire y en mi cuerpo.

Igual que si estuviera solo. Yo soy él o yo soy el otro
que se ha cruzado conmigo, se ha interesado por mi día
y se ha alejado.

© Mahmud Darwix (1941-2009), de Como la flor del almendro o allende (IV. ELLA)

miércoles, 17 de febrero de 2010

ESCALERAS

eran los botines galopantes de los juegos
arriba y abajo
soñando con el silencio tenebroso del pasillo
con lo que habría tras aquellas puertas grandes
blancas

junto al costurero abierto
por el que asomaban retales de futuros remiendos
o simples esbozos de bufanda para mi garganta
dormitaba mi abuela
pespuntando ronquido y cabezada

por aquel entonces las tardes eran los chicos el balón
abuelo en el fútbol que nosotros nos hacíamos en el garaje
mi hermano en otras casas y en otras cosas
mientras yo me dejaba perder lentamente en el letargo ocre
de la ventana del salón con mis muñecos y cuentos de la china

nunca me recuerdo solo

siempre andaban el tic tac del reloj junto a mis pasos
los geranios del balcón en los que orinaba mi miedo
las fotos del salón de mis antiguos como un mausoleo
las formas geométricas de las baldosas sueltas
las alfombras persas donde aparcaba mi morgan azul metalizado

el cuarto de mi tío y su kimono colgando en la percha
la lámpara de colores la linterna multifunción
las monedas de sus viajes la colonia y el espejo
los prismáticos al revés

el eco del almuerzo descansando en las paredes
y mis ojos puestos en aquella escalera de caracol
que llevaba a la azotea y sus desalojados palomares

ahora esos botines han vuelto a este domingo
después de tanto tiempo
y ese mocoso rubio que los calza
me está mirando tímidamente tras sus lentes
desde el umbral de la puerta
de esta habitación en la que escribo

© Javier Mérida

viernes, 1 de enero de 2010

OJO DE TIEMPO

hay un ojo de tiempo que me observa
desde otro tiempo

amarillento y solo
sentado a horcajadas sobre mis venas

un agujero en el tiempo de mis raíces
un lugar ajeno a cualquier parte

un rostro un sobrenombre
una estaca de huracán deshilvanado

dividiendo este corazón desierto
sepultando mares y ciudadelas

me mira por toda la niñez hecha ya espuma
de nubes pasajeras que acarician mis párpados

y deja caer alguna de sus pestañas
agujas clavadas en la piel fría de las horas

hay un ojo de tiempo que me esquiva
la mirada cuando frente a frente lo descubro

me otorgo entonces el poder de detenerme
y no pasar por la comisura tibia hacia su encuentro

me diluyo en la parálisis más tenue
como niebla que hubiera de dejarme

para siempre en esta esquina
en plena consecuencia del invierno

hay un ojo de tiempo
que se cierra

implacable

y me libera


© Javier Mérida